


Bajo el manto de nubes que se espejan en la superficie del lago Llanquihue, el grupo mágico de bardos-sanadores se aprestaron al trabajo de sanación. La iglesia de los santos de los últimos días fue la sede principal de trabajo. La mayoría se encontró con un nutrido grupo de pacientes. Desde las 9:30 a las 13:30 el lugar fue un torbellino de emociones. Constelaciones danzando en las manos de los médicos de almas, suspiros de alivios largamente esperados, personas humildes profundamente conectadas con sus corazones, bendiciones por todos lados, pacientes entregados a las manos del cariño espontáneo de tantos de mis compañeros de viaje. En un pequeño consultorio “San Francisco de Asis” un grupo pequeño de terapeutas frente a unas 60 personas esperándolos, multiplicación de funciones, sanaciones colectivas, el tiempo pareció detenerse y yo me pregunto cómo en unas horas se pudo atender a todos los pacientes…esa es la magia de la intención hecha acción…se pudo.
La sanación continuó en el puente Minte a unos kilómetros de Puerto Varas, lugar donde ocho años atrás fue testigo de una tragedia automovilística y hubo muchas víctimas en el lugar. Una improvisada sanación: el grupo restituyendo las emociones atrapadas en el lugar y su red etérica dañada por la tragedia. Hermosa energía sanadora brotó del colectivo y las manos nuevamente fueron una con el universo.
Con orgullo veo las lágrimas vertidas de todos nosotros, emociones empáticas que brotan sin permiso de la razón, y yo me pregunto: ¿Podríamos hacer esencias de empatía con las lágrimas emocionadas de los terapeutas? Las respuestas las tiene el viento del futuro. Observamos el agua que portamos, que se carga con cada sanación , quizás un medicamento supremo para el futuro…pero entonces recuerdo ir como vamos… sin expectativas por el viento del sur